Pisco, Ica y Chincha vivieron en el 2007 la falta de prevención y el descuido de las autoridades.
Todo un espectáculo. Los cables de luz se movían de un
lugar a otro, las casas parecían de naipes y el cielo que estaba a punto de
oscurecerse oportunamente se vio iluminado por un haz de luz. ¡Fin del mundo! gritaba
algunos y otros. El resultado de todas estas situaciones del 15 de agosto
lamentablemente dejó 595 muertos, casi 2,291 heridos y 76.000 viviendas
totalmente destruidas e inhabitables en Pisco.
A las 6:40 de la tarde estaba montando bicicleta en
cercano parque de Los Cedros en Chorrillos, de repente sentí que la llanta
trasera de la bicicleta inoportunamente se movió y me detuve. Lo que sentí en
ese momento estando yo y mi bicicleta juntas fue algo que mi cuerpo todavía no
puede explicar. Alguna vez escuche que los movimientos de la tierra reviven
sentimientos, no sé qué tipo de sentimientos revivió en mí pero me hizo correr
10 cuadras hasta mi casa y abandonar mi transporte en la vereda.
Mientras corría miraba como la gente gritaba y salía de
sus casas con fresadas y bidones de agua, yo mientras tanto miré al cielo. ¡Qué
mierda! dije asustada. Una luz que no sé de dónde venía ilumino el cielo, todo
estaba oscuro y los gritos se exageraban más. Al llegar, mi madre estaba sola
en la calle arrodillada, apenas la vi la levante y la abrasé fuerte. Aún seguía
el movimiento y mis hermanas para variar estaban en otros lugares. Mi madre se
desesperaba más.
A un minuto del
movimiento con preocupación cogí mi celular y llamé a mi hermana, las líneas estaban
colgadas. Mi madre seguía desesperada. Recordé por un momento lo terrible que
pudo haber sido el terremoto del 70, siendo el epicentro El Callao y teniendo
tan cerca la desgracia.
La gente en la calle seguía desesperada y gritando como una jauría de perros, en las
tiendas se veían velas prendidas, en la pista los buses estaban detenidos y las
réplicas eran más frecuentes. Quizás no
tuve miedo pero si un gran asombro.
Ya había pasado media
hora y aún no sabía dónde había ocurrido el terremoto, ni donde estaban
mis hermanas y mi papá, pero estaba preocupada por mi bicicleta así que decidí
ir a buscarla. En el camino la gente ya había hecho pequeños campamentos afuera
de sus casas, realmente el ser humano le temé en demasía a movimientos telúricos,
tanto así que pueden ser verdaderamente humanos por 176 segundos.
Al llegar al parque no podía creer que mi bicicleta estuviera
en el mismo lugar, simplemente la tomé y me fui manejando de regreso a mi casa.
Ya había llegado mi hermana mayor pero la menor no aparecía. Mi madre seguía
desesperada y con “el Jesús en la boca”
Prendimos una pequeña radio a pilas para saber dónde
había ocurrido el terremoto, el locutor de RPP noticias indicó que el
movimiento tuvo origen en Pisco cerca de Ica. Y que el siniestro tuvo una
magnitud de 8.0 grados. Mi madre estaba a punto de colapsar. En Ica vivían
todos sus familiares y su madre, ella vivía un terremoto por dentro.
Para calmar las aguas hizo su aparición mi hermana menor
en las manos de mi papá. Todos nos calmamos un poco y decidimos orar. Mientras en
la radio seguían relatando como la iglesia de Pisco, los distritos de chincha y
la catedral de Ica se caían a pedazos.
Ese día no sentí miedo ni pena, pero si una gran preocupación
por toda mi familia y por la que no la
era mía también. No se escribir del miedo, ni del dolor. Pero ese día vi mucho más
que eso.

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